no hay en ninguna parte lugares templados donde yo pueda resguardarme de esta invernal primavera, que sostiene en sus brazos, los retoños de un recuerdo aún vivo en el presente
más que vivo, latente.
pues no deja de estropearme los días de estío con sus uñas de gato.
no hay recuerdo de él que no viva en mí, lo recuerdo con alegría, con amor, con odio y con rencor pero sigo aún así caminando por sus sendas. Y perdida en aquél bosque, mis lágrimas caen, recorriendo las hojas marchitas de los muertos árboles que me acompañan en mi suplicio.
tenebroso, tenebroso; es caminar sin rumbo fijo, a oscuras. doloroso doloroso, es creer que te voy a encontrar aquí. Sin embargo corro todavía para poder alcanzarte, para tomar tus manos fuera de esta arbolada lúgubre y despúes vestir mis sentidos de colores.
no quiero perderte, no quiero darme cuenta de que te he perdido, no quiero sentir más este vacío clandestino.
y no dejaré de buscar la salida, aunque tenga que ir hasta el centro de la tierra